Crónicas y Narraciones de Jaime San Martín

lunes, septiembre 11, 2006

Oscuro presente del periodismo chileno: insuficiencia de la autorregulación

Con pesar debo reconocer que el presente del periodismo nacional es oscuro. Las faltas a las exigencias mínimas para conformar un periodismo informativo han pasado a formar parte del estándar. Me refiero a faltas éticas flagrantes. Tanto la comunidad como el gremio hemos validado este incorrecto actuar mediante el silencio. Los fallos del Tribunal de Etica de la ANP pasan sin causar escozor ni eco. Con el silencio, validamos.

Autores como Desantes y Aznar propusieron la autorregulación como la forma de propender a un periodismo ético e informativo. No me cabe duda que el impulso que los movió fue el más noble, siempre teniendo como faro al bien común. Sin embargo, los hechos han demostrado que pecaron de ingenuidad. Los dictámenes de los tribunales deontológicos, al no ser vinculantes, fallan en su intento por enmendar la conducta viciada y por reparar el daño hecho.

Existe consenso respecto a calificar a los códigos de ética periodística como el mínimo para que exista un periodismo que informe. Cualquier falta a estas máximas supone automáticamente la publicación de un producto desinformativo. Resulta de bien común el regular coactivamente el correcto ejercicio de la profesión. Dotar a las normas deontológicas de carácter legal es una obligación social. La comunidad tiene todo el derecho a obligarnos a que su necesidad de contar con información de relevancia quede correctamente satisfecha.

Si hemos voluntariamente decidido trabajar en pro de la información, no debemos caer en el error de confundir la libertad de expresión con una libertad de información. Esto último no existe, lo que hay es un derecho a la información que se satisface a través de la libertad de expresión. Lo que la gente exige de nosotros es información, no desinformación. Si aceptamos trabajar voluntariamente en pro de la satisfacción de este derecho de la comunidad, no es una atadura el aceptar que cualquier trabajo que no logre ser informativo sea considerado ilegal.

Para cerrar quiero citar un ejemplo que está de moda. Me refiero al uso de cámaras ocultas. Nadie puede argumentar que el uso de estás técnicas no atenta contra la dignidad del sorprendido. Tan sólo por este hecho, un reportaje de esta naturaleza es desinformativo. Algunos periodistas prostituyen el nombre del bien común para argumentar que estas técnicas son válidas en casos excepcionales. Se refieren a los casos en que la dignidad del individuo sorprendido in fraganti es bypaseada para lograr el castigo del delito y cuando no hay otra forma de probar el ilícito. A ellos habría que recordarles que el bien común no es necesariamente el de la mayoría. Esto sería una concepción utilitarista del término. Espero que no tengamos que llegar efectivamente a circunscribir legalmente nuestra profesión. Nuestros pecados, sin embargo, nos llevan a lo contrario. Las audiencias no son tontas y comenzarán a reprendernos y a despojarnos de nuestra investidura periódística.


2 Comments:

  • No creo que regular legalmente la ética sea una solución. Confío más en las personas que en las leyes, en este caso por lo menos.

    Respecto a las cámaras ocultas; creo que sí se justifican en algunos casos. eso sí, hay que saber usarlas.

    saludos

    By Blogger Rodrigo, at 1:24 p. m.  

  • Antes que una regulación ética de los periodistas se require una regulación ética de los dueños y directivos de los medios. Y sobre las cámaras ocultas, pues allí la cosa depende de cierta característica cultural. Piensa en la prensa inglesa, un país que es el centro de las ideas de comercio, emprendimiento y libertad individual, pincha los celulares para espiar hasta a los jugadores de fútbol. Y eso es medianamente tolerado bajo el paraguas del bien común.
    Saludos

    By Anonymous Carlos Valencia, at 7:36 a. m.  

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